Lima y limón 2017-06-15T10:51:13+00:00

Project Description

Imagen: © Garry Winogrand,
Staten Island Ferry, New York City, New York, 1971.
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Lima y limón

Antonio Jiménez Morato

Chico conoce a chica en una verbena de barrio en Madrid. Como recién salida de un cuento para niños, tiene ojos de bruja, capaces de fascinar a todo el que la mire y dejar tieso de un sortilegio a quien la irrite, pero en vez de volar sobre una escoba se apoya en una muleta. No volverán a verse hasta nueve meses después, en una fiesta. Pero, tras esa especie de parto que es toda espera, se enamoran. Y todo desaparece a su alrededor.

A partir de ahí, Lima y limón intenta romper otro encantamiento: el de la memoria. El narrador y protagonista se propone diseccionarla para tratar de entender qué ha pasado. ¿El resultado? Una novela contada en tres tiempos. Cuando él y ella se conocen y ponen en marcha el ritual de seducción y enamoramiento. Mientras dura el noviazgo. Y, por fin, cuando del amor ya solo queda el recuerdo. El relato va y viene de un momento a otro, como jugando, como un niño que quiere desbaratar el puzle de su memoria solo para volver a armarlo.

De camino a casa de la amada, un nublado anochecer en la ciudad se transforma en un estrellado atardecer de verano en medio del campo. Las canciones de Elliot Smith o The Cure hablan de ella mientras el sol entra por la ventana. Todo esto suena a cliché romántico, lo sabemos, pero es verdad. O al menos es así como lo recuerda el narrador. Sin embellecimientos. Ahora bien, ¿hasta qué punto reconstruye los hechos fielmente, tal como los vivió, y hasta qué punto reproduce lo que otros, sobre todo ella, le contaron más tarde? Quizá tratar de recordar cómo fue todo sea el único consuelo cuando ya nada es. Porque el lugar desde el que narra el protagonista no es el de la tristeza, sino el de aquel que sonríe ante sus recuerdos, dichoso y liberado. Aunque a veces lo más sano sea dejar que la herida cicatrice.

El perro Nacho como síntoma y consecuencia de las rutinas que terminan por instalarse en toda pareja (pero también de la necesidad de cuidados y de cierta relación de dependencia). El joven bonsái Alejandro, que se va deshojando ante la mirada perpleja de la pareja protagonista, como símbolo de su noviazgo, de la memoria posterior e incluso del relato que la contiene.

Una novela que enamora por su sencillez.

Tan amena como una buena conversación.

«Imaginemos un Henry James de hoy, menos atribulado y más expedito al momento de descartar posibles vericuetos morales de las acciones de los personajes, pero sobre todo más entusiasta cuando se trata de detenerse en la minucia psicológica como manifestación de la neurosis cotidiana.

El enamorado trata de comprender lo ocurrido, pero le ha tocado vivir en una época en la que amar no se conjuga en pasado. Quizá por eso la particular lengua narrada de Jiménez Morato, que hace del recuento inmediato el plano donde en un mismo nivel se registra lo más doloroso, lo menos comprensible, lo más fortuito y lo más dichoso».

SERGIO CHEJFEC

«Jiménez Morato ha acertado con el tema y ha manejado sus recursos con brillante destreza. Ahí está la narración de los hechos por parte de una voz modesta y amable que a medida que recuerda va saltando en el tiempo con constantes anticipaciones y retrospecciones, haciendo fácil y sencillo lo difícil y complejo; y ahí está también la feliz descripción de ese microuniverso de gentil autosuficiencia que una a dos personas enamoradas».

FERNANDO CASTANEDO, El País-Babelia

«Esta novela de Jiménez Morato es un homenaje a los géneros breves; al cuento e incluso a la poesía, en su soporte de música popular como fondo sonoro. Es la historia de un amor, como todos igual, y como todos único. O más bien la historia de cómo se cura alguien de lo que no puede estar ya en un libro: la enfermedad del amor. Pero es, sobre todo, una apuesta a los vacíos; a que esas zanjas que quedan entre palabras y pasajes sean capaces de comunicar».

MARTA APONTE ALSINA, Diálogo Digital

«Engañosamente sencilla y sofisticada como pocos debuts literarios, Lima y limón reivindica con valentía la realidad, explora con lucidez la intimidad y despliega con claridad loable su complejo collage de microrrelatos. Si bien nunca llega a ser satírica, sí que hay algo en ella de celebración escéptica, a ratos estoica y a ratos casi cínica, de lo efímero del amor. Y esa faceta “oscura” la hace todavía más atractiva».

JAVIER CALVO, Revista Quimera