Poeta en Nueva York 2017-06-01T13:50:06+00:00

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Imagen: © Rocío Vicente, 2017.
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Poeta en Nueva York

Federico García Lorca
Rocío Vicente

Entre 1929 y 1930, Federico García Lorca pasó nueve meses en Nueva York y tres en La Habana. Durante su estancia en América, compuso muchos poemas que no se preocupó de reunir en un mismo libro hasta 1935. Solo entonces volvió a pensar en José Bergamín para publicar Poeta en Nueva York hasta que en algún momento del verano de 1936 le entregó el poemario original. Pero la guerra era inminente y los dos amigos no volvieron a verse. Tras el levantamiento militar contra el gobierno democrático y la toma de Granada, la Guardia Civil, escoltada por algunos derechistas sublevados, arrestó a Federico con el beneplácito del general Queipo de Llano.

Lo fusilaron en medio de un camino, de madrugada.

Acusado de trabajar para la República y ser homosexual.

Acabada la guerra, Bergamín marchó al exilio y se llevó consigo el poemario original. La primera edición de Poeta en Nueva York vio la luz en el México de 1940. Fue el testamento poético de alguien que quiso romper los límites de su voz y su sexualidad, una ametralladora de imágenes surrealistas, una desasosegante fusión de folclore y vanguardia, un grito contra el poder (económico, político o religioso), una mirada que buscaba la del oprimido y empatiza con los animales y la tierra. Un poemario total. Testigo de excepción del Crac del 29, del hundimiento de la Bolsa de Wall Street, de las consecuencias de la desregulación del capital, el duende del poeta se alza contra la deshumanización de la ciudad desmedida. Y le canta a una época que, en definitiva, sigue siendo la nuestra.

Pero a la primera edición de Poeta en Nueva York le faltaban algunos poemas. Hasta que en 2003 reapareció el original que Lorca legó a Bergamín, tras varias décadas en paradero desconocido, y supimos que aquellos textos eran “Amantes asesinados por una perdiz” y “Crucifixión”. Esta es la primera edición digital de Poeta en Nueva York que incluye los dos poemas que faltaban. Entonces también supimos que la intención del granadino siempre fue ilustrar su poemario: con fotos, postales, dibujos propios y fotomontajes. Pero ni Bergamín ni ningún otro editor posterior se atrevieron a recoger el guante. Esta es la primera edición de Poeta en Nueva York que sigue la última voluntad documentada de Lorca e ilustra el libro con fotografías de la época, dibujos del autor y collages digitales de la artista Rocío Vicente.

Poeta en Nueva York como a Lorca le hubiera gustado. Como nunca lo has leído.

«Solo cuando leí las obras de Lorca comprendí que había una voz. Lorca me dio permiso para encontrar mi propia voz, mi propio yo».

LEONARD COHEN

«La expresión de Lorca tiene música, como toda la buena poesía».

ENRIQUE MORENTE