Hoy nos invaden todo tipo de imágenes y textos. Ya lo sabemos: los avances técnicos que trajo consigo la Modernidad multiplicaron de forma masiva su producción y su reproducción. Pese a todo, Aldous Huxley estaba convencido de que el talento artístico seguía siendo infrecuente, por lo que no había podido crecer al mismo ritmo que las obras producidas. Como consecuencia, lo que se leía, veía y escuchaba en su tiempo (en muchos aspectos, tan parecido al nuestro) no era otra cosa que escoria. A Walter Benjamin estas observaciones no le parecían muy progresistas, pues todo el mundo tiene derecho a producir sus propios discursos y a dejar constancia de ellos. Lo democrático es que la frontera entre el autor y el consumidor se diluya.

Así las cosas, la expansión de Internet y los medios digitales ha intensificado aún más la sobreproducción de contenidos. ¿Quién no se ha sentado en el sofá, frente a la televisión, el ordenador o el móvil, incapaz de decidir qué peli ver, qué canción escuchar, abrumado por la inmensa oferta de las nuevas plataformas digitales?

¿Quién no se ha sentado en el sofá, frente a la televisión, el ordenador o el móvil, incapaz de decidir qué peli ver, qué canción escuchar, abrumado por la inmensa oferta de las nuevas plataformas digitales?

Este es el escenario en el que La Moderna. Librería digital quiere intervenir. Solo un par de clicks nos separan hoy de miles, millones de libros (muchos de ellos, a la vista está, editados con descuido o en formatos casi ilegibles). Pero, seamos claros, ¿es suficiente una sola vida para leer una cantidad de libros tan inabarcable? Con sinceridad, no. Por otra parte, ¿merece la pena leer todo lo publicado en el pasado? ¿Y todo lo que se publica en el presente? Nosotros creemos que tampoco. Hay que elegir. Y elegir es editar. Frente a ese totum revolutum, La Moderna propone un criterio reconocible. Frente a la vorágine de novedades, un filtro contra el ruido. Frente a la lógica del supermercado y el centro comercial, la recomendación de tu librero de confianza.

Frente a la vorágine de novedades, un filtro contra el ruido. Frente a la lógica del supermercado y el centro comercial, la recomendación de tu librero de confianza.

La nuestra es como aquellas librerías e imprentas de los siglos XIX o XX que editaban y vendían sus propios libros. Esta es nuestra propuesta: un catálogo meditado pero ecléctico, sin colecciones. Narrativa, poesía, ensayo. Etcétera. Mantendremos a mano los clásicos, como recomendaba Virginia Woolf, para prevenir la caída. Hoy más que nunca es necesario volver a sentir el placer de conversar con las grandes mentes, resistentes al ruido que nos rodea. Y allí donde no lleguen los clásicos daremos espacio a lo nuevo, a los autores capaces de actualizar la tradición. Nos declaramos fans (o fanes) del reciclaje.

Y no solo porque La Moderna distribuya sus libros sin necesidad de cortar árboles, de un modo más ecológico, sino porque prestaremos una atención especial a aquellas obras recientes y aún interesantes, cuyas ediciones en papel, sin embargo, se han agotado por completo, son inencontrables o, simplemente, todavía no cuentan con su correspondiente versión en ebook. Lo digital las traerá a una segunda vida más duradera que la primera.

Nuestro radio de acción quiere ser el del español (o el castellano, tanto da). Un campo de batalla, por fin, sin fronteras, donde autores y lectores de ambas orillas del Atlántico puedan debatir con fluidez.

Nuestro radio de acción quiere ser el del español (o el castellano, tanto da). Un campo de batalla, por fin, sin fronteras, donde autores y lectores de ambas orillas del Atlántico puedan debatir con fluidez.

La Moderna podría haber sido el nombre que los vecinos le hubieran puesto a nuestra librería de haberse encontrado en un pueblo. Pero también podría haber sido el de una cuarta carabela que llegara ahora a las costas americanas con la intención de entablar un diálogo tan distinto al de sus predecesoras (y, sin embargo, aún tan necesario). Tras esas dos posibilidades, entre lo sólido y lo líquido, se oculta otra de nuestras aspiraciones: cohesionar el apego a lo local con una ambición global.

He aquí nuestra hoja de ruta. Lo útil corre hoy el riesgo de quedar sepultado bajo la sobreproducción de lo que sobra; la calidad, bajo la cantidad; lo nuevo (que no lo último) bajo lo viejo. Los escritores valientes ya no tienen que luchar contra la censura, la cárcel o el ostracismo, sino contra la invisibilidad y el exilio del mercado: contra el best-seller que los expulsa de la librería y ocupa su espacio en el escaparate. Mientras la literatura (y el arte en general) pierde su capacidad de intervenir en la vida diaria (si es que alguna vez la tuvo), La Moderna intentará responder continuando la labor de otras muchas editoriales independientes, publicando, en la medida de nuestras fuerzas, algunos de los textos que han contribuido (y están contribuyendo) a orientar el pensamiento moderno. Hacia el bien común. Un concepto (y un lugar) que habrá que definir (como el de calidad, como el de lo que es bueno y lo que es malo) entre todos. Entre lectores, autores y editores.

Ya leemos el periódico cada mañana en el ordenador, la tablet o el móvil. A partir de ahora, también podremos leer en nuestros dispositivos los libros que importan.

Ya leemos el periódico cada mañana en el ordenador, la tablet o el móvil. A partir de ahora, también podremos leer en nuestros dispositivos los libros que importan.