Antonio Jiménez Morato by Daniel Mordzinski

Antonio Jiménez Morato

o deshacer el amor

para devenir capaz de amar

Una entrevista de Urbano Pérez Sánchez

PRIMERA PARTE. Sobre citas y epígrafes como registros del tiempo. Sobre el amor y la memoria. Sobre cómo montar una novela.

Casi todo es una revisión de algo anterior. Esta entrevista, por ejemplo, puede ser en cierto modo una actualización de la conversación que mantuve en 2011 con Antonio Jiménez Morato a propósito de la aparición de Lima y Limón en la colección La Gaveta de la Editora Regional de Extremadura. Seis años aproximadamente entre una entrevista y la otra, y uno más entre aquella primera edición en papel y esta, revisada y digital, que publica La Moderna.

Me vas a perdonar, Urbano, que, antes de pasar el intercambio de preguntas y respuestas que es el código más o menos asumido en una entrevista, haga un inciso. En primer lugar para darte las gracias. Tanto por haber leído la novela hace seis años como por haber vuelto a leerla ahora. Creo que uno de los pocos aciertos que uno ha tenido siempre como autor es saber elegir los editores en los que confiar los libros. Por ejemplo, aceptar el generoso ofrecimiento de Lidia y David de reeditar la novela en La Moderna. De algún modo fue aquella elección la que ha facilitado tu relectura de la novela, porque entre otras cosas son amigos tuyos. Así que, ¿lo ves? Fue buena la elección. Algunas cosas no las he hecho mal después de todo. Muchas gracias por leer de nuevo la novela.

El cuerpo de aquel texto se ha mantenido en líneas generales. No obstante, esta edición incluye pequeños pero significativos cambios que suman profundidad e interés a una obra ya notable. Salta a la vista, apenas se ojea el documento, que el espacio en blanco tiene ahora un mayor protagonismo, lo que acentúa el carácter fragmentario de la historia. Asimismo, dos citas -de Piglia y de Deleuze y Guattari- que no estaban en la primera edición aparecen a modo de cierre.

Tal vez porque también yo he cambiado en este espacio de tiempo, con el Lima y Limón de La Moderna he sido mucho más consciente de que la intención del autor era demoler la linealidad del relato y al mismo tiempo la propia idea del amor.

Antonio, ¿te parece que ese «haber deshecho el amor / para devenir capaz de amar» de la cita de Deleuze y Guattari es al menos uno de los objetivos de tu libro? ¿Eras consciente desde el principio de ese propósito o también has necesitado la perspectiva del tiempo para verlo?

La relación que yo tengo con las citas, los epígrafes y demás de mis libros es bastante personal. Yo tengo una serie de ideas muy claras sobre el libro, y las citas terminan funcionando casi como broches, apoyaturas, armónicos que reverberan con lo que yo tengo en mente. A veces aparecen pronto, otras tarda uno más tiempo en toparse con ellas. Es por ejemplo el caso de las dos citas nuevas que señalas, al cierre del libro, donde su función de “broche”, en el sentido de “cierre”, es más evidente. Quizás el lector no recuerde bien hacia el final del libro las citas que lo abrieron, pero si uno las recuerda cobran mucho más sentido, en cambio, tanto la de Piglia como la de Deleuze/Guattari no pueden ir al frente porque dan más información de la necesaria, por así decirlo. Digamos que las del inicio son más melódicas y las del final son más estructurales, aportan más datos argumentales como para poder andar colocando al inicio. Yo acumulo las citas precisamente por eso, porque funcionan como ecos de lo que tengo en la cabeza cuando voy armando el proyecto. Los archivos del procesador de textos se abren siempre con una serie de citas que muchas veces debo terminar eliminando.

Haría un libro sólo de citas. Tengo un blog que va de eso, de hecho, un tumblr que son sólo citas.

Pero, yendo ya de modo directo a la cita en cuestión y tu segunda pregunta. Yo sí era consciente de eso, pero no terminaba de tener claro que los lectores lo cazaran, por así decirlo. He recibido muchas devoluciones de la novela, la mayoría muy positivas, y el hecho de que haya encontrado editores en lugares tan distantes como Costa Rica o Argentina, y en más lugares, porque hubo gente que ha querido sacarla en más lugares, Puerto Rico o México por ejemplo, pero finalmente no se ha concretado el hecho por diversas circunstancias, me ha servido como confirmación de que sí se entendía buena parte de la apuesta de la novela, que puede parecer banal o poco ambiciosa, un editor venezolano me dijo que en ella «no pasaba nada», y le respondí honestamente que si pensaba así me alegraba mucho de que no la editara porque no era el lector que esa novela busca, y creo que esa cita del Anti-Edipo se incluyó finalmente en el libro porque hacía más evidente esa lectura de lo narrado. Apareció ya en la edición argentina, de hecho.

Por lo tanto no «he necesitado la perspectiva del tiempo» para ver el objetivo, sino para encontrar la manera de plasmarlo en el objeto que el lector recibe y con el que se relaciona. Cuando encontré la cita fue como un escalofrío, porque en buena medida esa es una de las ideas motrices de la novela.

Creo que el texto de la misma lo dice, al menos creo que esa llamada telefónica final en la que él le dice a ella que ha sido capaz de entender al completo la tirada de Tarot, el sentido de El Loco, se dirige en el mismo sentido. De todos modos, entre esas devoluciones de la novela se coló un mail donde me decían que había escrito una novela «para ligar». Tengo que reconocer que el poco respeto como autor que le tenía a la persona que me escribió eso se esfumó en aquel momento, pero se quedó alojado en mi memoria el hecho de que hay lectores, incluso lectores que uno cree competentes porque traducen, escriben y hacen crítica, capaces de leer así de mal un texto.

Porque esta novela puede decirse que sirve para muchas cosas, pero no sé si sirva para que su autor ligue, y, para qué mentirnos, hacer esa lectura es medio imbécil.

En todo caso, a mí, personalmente, es una novela que me costó mucho parir, porque son hechos que me sucedieron, no tal y como están contados, no es una novela autobiográfica, es una novela que trabaja con materiales no ficcionales, y en ese sentido uno de las asuntos que, creo, sirven como eje de todo lo que escribo, y sobre todo de mi narrativa, son esas relaciones entre realidad y ficción o, dicho de otro modo, cómo se plasma la tensión entre ambas, qué es ficción y qué no lo es, etc. Por eso aproveché la nueva edición para reescribir el asunto, para apuntalar ciertas interpretaciones que puedan hacerse de la novela.

No olvidemos que un autor de narrativa hoy no es alguien que «cuenta historias», sino alguien que construye todo un mecanismo destinado a lograr unos efectos. Los epígrafes son engranajes de ese mecanismo.

Pero en todo caso me interesan también las apreciaciones que haces sobre otras modificaciones del texto. Uno no tiene a menudo la suerte de conversar con un lector atento y hay que aprovecharse de ello. Por ejemplo, lo del aumento de los blancos y el espacio del texto. Es cierto que en las ediciones anteriores aparecían los fragmentos apenas separados por un par de líneas, dando una impresión más unitaria, más seriada, y ahora aparecen más aislados. Puede ser que se deba a que el tiempo ha pasado sobre ellos más incluso, lo que los ha separado aún más si cabe, sí. Y al mismo tiempo a que me di cuenta a lo largo de estos años que si bien la cercanía ofrecía una sensación más inequívoca de unidad narrativa al mismo tiempo acotaba un poco cada escena. No las dejaba existir por sí mismas.

Me atrevería a decir que el “montaje” de la primer edición era más cinematográfico, por esa sensación de unidad, y el de esta más expositivo, como si se tratase de una función de curaduría donde cada pieza de la exposición aporta su impronta particular de modo independiente pero al mismo tiempo todas las piezas de la exposición ofrecen otra lectura, la elegida por el comisario de la exposición.

También, claro, la acentuación de esos cortes rompe aún más la linealidad argumental, incide de modo más inequívoco en ese sentido y deja más clara la idea de un armazón desplegado desde la memoria, lábil e impostado, porque la memoria es siempre algo que sucede en el presente, y por eso es modificable. En todo caso te agradezco sinceramente las valoraciones que haces sobre el aumento de la densidad del texto.

¿Quieres seguir leyendo? Pasemos a la segunda parte de la entrevista.

2017-06-21T18:14:06+00:00