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Antonio Jiménez Morato:

«La lectura digital

ha ganado la partida

ya».

Una entrevista de Urbano Pérez Sánchez

© Mike Wilson

TERCERA Y ÚLTIMA PARTE. Sobre el placer de la lectura, la crítica como creación y los retos de la edición digital.

[Empieza a leer por la primera parte de esta entrevista antes de continuar. Hablamos de Lima y limón, la espléndida novela de Antonio Jiménez Morato].

Esta nueva edición de Lima y Limón incluye un retrato tuyo realizado, nada más y nada menos, que por Daniel Mordzinski, acompañando a una breve bio-bibliografía. En ella, para quien aún no te conozca, se da cuenta de tu triple faceta profesional: docencia, crítica y escritura. Imagino que no siempre será sencillo gestionar las tres, que la convivencia entre las mismas no siempre será pacífica. ¿De qué manera afecta la faceta del escritor al ejercicio de la crítica y viceversa?

No veo yo la diferencia. O me parece muy tenue. Casi intrascendente. Uno puede ser esas tres cosas, incluso más, sin menoscabo de ninguna de ellas. No veo una diferencia entre ser escritor y ejercer la crítica y la docencia. Y pueden hacerse tantas combinaciones al respecto como sean necesarias. No veo, lo digo sinceramente, en qué se afectan entre sí. De hecho es una de las barreras sobreentendidas que no termino de comprender, ¿es menos escritor un crítico que un novelista? Trabajan con los mismos materiales.

Creo que esa visión de la creación y la crítica como terrenos enfrentados, que proviene del modo en que se ha entendido la crítica del mercado a través de los medios, tiene los días contados.

Y los tiene, precisamente, porque ya no hay espacio para la crítica en los medios. La crítica se está refugiando en textos de largo aliento que editan algunas editoriales y en la web. Sin ir más lejos, hace poco leí un post de un poeta y novelista español, que ejerce la crítica en el mayor periódico de España, donde trazaba un paralelismo entre un librero y un crítico. Hablaba del buen librero como alguien que vende con honestidad a un supuesto cliente. Y finalizaba diciendo que lo mismo debería ser la crítica. Y ahí ya no, porque un crítico no tiene que vender un libro, no es esa su función, ni siquiera la de prescriptor de textos.

Un crítico establece una relación con la realidad mediada por un texto ajeno de modo explícito, el creador no explicita esa herencia literaria que late en sus textos, ni convierte en centro del mismo cuestiones metaliterarias por regla general.

Pero un crítico y un creador no trabajan en bandos contrarios, creo que es una de los clichés equivocados que hay en la profesión. Y lo de la docencia… Bueno, hace tiempo que no doy muchos talleres, llegué a saturarme un poco de los talleres, pero cuando de vez en cuando doy uno los disfruto bastante, entre otras cosas porque aplico esas distintas facetas en ellos. En realidad soy trino y uno, por responder a tu pregunta, las diferencias o tensiones, en caso de que existan, son materia teológica.

La Moderna Librería digital ha traído a Lima y Limón de vuelta al punto de partida. Da la impresión –pese a las ediciones costarricense y argentina– de que la geografía extremeña es en buena medida su territorio. ¿Cuáles crees que son los desafíos a los que se enfrenta una editorial exclusivamente digital, frente a las editoriales “tradicionales”? ¿Crees que tiene superado ya alguno? ¿Tendrá que dar respuesta a otros?

Estamos viviendo un momento muy interesante en lo tocante a la edición digital. Por un lado hace unos años hubo un boom más mediático que mercantil con la aparición del libro electrónico. Y ahora, cuando parece que las ventas se han estancado en lo tocante a la edición digital, no paran de aparecer artículos sobre «la victoria del libro en papel». Me deja un poco perplejo leer cosas así. Tiendo a dudar de la capacidad del que las escribió.

Un titular serio sería «Se estabiliza la cuota de mercado del libro digital».

Pero, claro, si ya de por sí la profesión periodística es problemática, imagina el periodismo cultural, ese oxímoron.

La lectura digital ha ganado la partida ya, no sé cómo no se ve algo tan sencillo. Jamás se ha escrito tanto y jamás se ha leído tanto. El asunto es qué se lee.

La prensa se consulta digitalmente, los mails ya no se imprimen –hubo una temporada en que en las oficinas los imprimían para leerlos y los archivaban, no fue hace tanto tiempo, conviene recordarlo–, Whatsapp es uno de los ejes de la vida de mucha gente y Facebook es otro. O sea, la gente se pasa el día leyendo y escribiendo. También asocia esos dos gestos, el de la lectura y la escritura a aspectos no culturales y no lúdicos. Es algo que tiende a olvidarse muy a menudo, pero está ahí. Esas cosas van construyendo la mente de las personas. Es como lo del inglés. Ahora la lengua del mundo laboral es el inglés. Ya no te contratan para ser pizzero, ahora eres Product Manager. Por otro lado, dentro ya del mundo “cultural”, las enciclopedias han desparecido de la faz de la tierra, hay que venderlas al peso, las revistas científicas dejan de tener edición en papel, etc. O sea, lo digital se ha impuesto, entre otras cosas porque permite una catalogación y archivo mucho más sencillas y económicas.

Así que podría decirse que el único terreno donde el papel sigue predominando es en la edición de libros de consumo: monografías, narrativa, poesía, etc. Y habría que preguntarse por qué sigue predominando y cuáles son los costes de esa situación. Cosas que no se piensan mucho.

Por un lado dos de los participantes del negocio, libreros y distribuidores, han sabido jugar sus cartas muy bien. Hace unos años el que por entonces era el director de la mayor distribuidora de España decía que lo del libro digital era vender dispositivos, que los que estaban alentando ese revuelo mediático eran los fabricantes tecnológicos que querían vender los aparatos. Y es cierto, pero eso deja la otra parte en la sombra: también hace falta un aparato para ver la tele, para escuchar un disco o un cd, ahora el mp3, para conectarte a Internet, etc. El libro es como es porque tiene una tecnología detrás apabullante, de hecho en la mayoría de las editoriales se trabaja ya en digital casi todo el proceso, y son tan solo las imprentas las que ya trabajan con la materialidad del producto. Por otro lado los libreros también han sabido proteger su cuota de negocio y se han reconvertido en centros culturales, cafeterías, que funcionan más como punto de encuentro para gente con inquietudes culturales que como librería de toda la vida. Una librería, a palo seco, hoy no se come un torrao.

Y, en última instancia, este “triunfo” del papel se ha hecho a costa del precio del libro. Los libros son caros respecto a lo que podrían ser porque se ha considerado un valor añadido por defecto el uso de un buen papel, de una buena cartulina, de una buena impresión y demás detalles del libro.

O sea, porque se ha resaltado la materialidad del objeto frente a la virtualidad del contenido, que era lo más fácilmente trasladable a un formato digital. En última instancia conviene recordar que la edición digital es «la edición en formato digital de libros en papel». No se da el caso de productos pensados para explorar todas las posibilidades del formato. Por ejemplo, esas listas de canciones que a veces acompañan la promoción de un libro, ¿por qué no están incluidas en el libro o al menos enlazadas a ellas? Hay muchas cosas por hacer ahí.

También el modo en que se ha explotado el nicho de mercado del libro electrónico es un completo desastre. Cuando apareció, muchos, entre los que me incluyo, lo vivimos como una posibilidad maravillosa de hacer desaparecer las fronteras que habían limitado tanto la circulación de libros, y además encareciéndolos: un libro digital argentino podía ser leído en todo el mundo tras comprarlo en la tienda. Pero resulta que no, las grandes multinacionales cuelgan libros que pueden o no ser comprados dependiendo del país en el que te encuentres.

Incluso en la información que dan a los medios: cuando te llegan los boletines de novedades dicen que hay edición digital y luego resulta que no es para todos los países y demás. O sea, que incluso la explotación es un completo caos. No sé por qué. Y en ese sentido en La Moderna creo que hay una honestidad y compromiso mayor, lo que siempre es de agradecer.

Los editores David y Lidia y yo a menudo hemos debatido sobre el lugar que ocupa la lectura en la sociedad actual y de qué modo ha afectado a esta el mundo digital. Nos gustaría, para terminar, conocer tu opinión al respecto y, ligado con esto, ¿para qué te sirve a ti la lectura?

Justamente en el viaje en que conocí a Lidia y a David tuvimos una experiencia muy curiosa en común. Fuimos invitados a comer en casa del embajador español, nosotros estábamos en aquel país invitados por el Centro cultural de la AECID, y allí él nos preguntó si la gente hoy sigue leyendo. Lo dijo con toda naturalidad y desde luego sin un átomo de mala intención. La charla que tuvimos con él nos dejó claro que es una gran persona y mejor profesional, y viceversa, pero nos pareció a los tres muy curioso el momento. Además él nos explicó su rutina y es cierto que ya no lee, no usa ese verbo de modo intransitivo. Él lee el correo electrónico, lee el periódico, lee una carta, etc. No lee. Y conviene recordar que no es una excepción, sino el promedio. La mayoría de la gente tiene esa relación instrumental con la lectura. Luego estamos los raritos, para los que la lectura ocupa una parte fundamental de nuestras vidas, hasta el punto de que si un día no lees te encuentras no sé si mal, pero al menos raro.

Para mí la lectura es un pivote en torno al que se mueve mi existencia: yo escribo, leo para editoriales, traduzco, llevo una revista digital, etc.

No sé qué sería de mí sin la acción de leer. Lo que más disfruto es irme a una terraza a tomar un buen café, fumar un puro y leer. Si eso puede extenderse durante toda la mañana, mejor. Si puedo hacerlo tras haber comido, también soy más feliz incluso. Hay gente que se monta vacaciones a países exóticos y llenas de actividades. Yo me quedo en casa y me paso el día leyendo, como hago cuando trabajo, pero cosas que me interesan a mí, que no están relacionadas con el trabajo. Y al final termino escribiendo sobre esas cosas que he leído y lo transformo en trabajo. Imagina lo que es para mí la lectura…

Un placer.

El placer ha sido todo mío, compañero, muchas gracias.

2017-06-28T14:12:07+00:00